Todos nosotros somos distintos. Tenemos valores, creencias y formas de ser y de comportarnos, distintas.
Hoy quiero referirme a una tipología de persona en concreto: “el victimista”.
Hay personas que durante toda su vida, funcionan bajo un patrón de “víctima”.
A todos nos ocurren acontecimientos buenos y menos buenos e incluso a veces malos. Y es realmente cierto que a algunas personas les ocurren algunas grandes desgracias.
Sin embargo no por ello, se convierten en “victimas”. Hay muchas personas que han vivido pérdidas de hijos y personas muy queridas, y han estado tristes, o están tristes y sin embargo no son “victimas”. Es muy distinta la tristeza del victimismo.
He podido comprobar que la generación anterior a la nuestra, se construyeron “muchas víctimas”. Este comportamiento nada tiene que ver con lo que acontece en la vida, sino en cómo se vive la vida.
Una persona “victimista” es capaz de vivir la vida en negativo todo el tiempo.
Detrás de un perfil así, hay una gran reclamación de atención y amor. Pero
curiosamente son personas que se convierten en un pozo sin fin.
Un victimista, se queja continuamente, directa o indirectamente. Muestra su vida en
negativo y en muy pocas ocasiones tiene la capacidad de “pedir” lo que realmente necesita. Sólo muestra una continua forma de “necesidad de…” , esperando que la solución a su “problema” la aporten los demás.
Son personas capaces de introducir su “desgracia y necesidad” detrás de cada comentario, de una broma o de una frase con mensaje encriptado… pero al fin y al cabo, son personas que viven pidiendo, reclamando y casi exigiendo la atención y entrega absoluta de los demás.
Padres o madres victimistas, tienen un gran impacto negativo en los hijos.
En general el hijo de un victimista, siente que nunca hace suficiente por los demás, porqué en él se ha forjado una fuerte creencia de que “todo hacer es insuficiente”.
Para unos se convertirá en frustración y pasividad. Para otros en coraje y desmesurada generosidad.
El victimista nunca se da cuenta o no quiere (o no puede) darse cuenta del impacto que crea en los demás. Una familia que tiene a un victismista, vive en un ambiente negativo, de baja energía y con un sentimiento de deuda continua.
Si queremos hijos completos, valientes y capaces de afrontar el futuro con seguridad
y amor, es fundamental, dejar el rol de victimista y saber mostrar los momentos buenos y los momentos malos, pero en ningún caso, trasladar a los demás, esa necesidad interna nunca llenada, nunca completa. La sensación de victima sólo la puede remediar uno mismo. Un buen amigo mío, me dijo un día que la generación anterior a la nuestra fue una generación perdida para algunas mujeres. Quizás es cierto que la falta de desarrollo profesional (no laboral, porqué existió en silencio en muchos casos) y el cuidado y entrega prácticamente exclusivo a sus mayores, les frustró su propio desarrollo. Es de comprender y es bueno que los hijos sepamos comprenderlo. Sin embargo, en ningún caso compartirlo o replicarlo.
La solución al vacio interior, nunca está fuera, porqué solo uno mismo puede proporcionarse el nivel de amor que necesita reconocerse en él mismo. Es desde este momento, que los demás podrán dar amor al nivel que uno puede recibir.
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