He hablado en diversas ocasiones sobre las características que hacen un buen líder.
Un político debe tomar consciencia sobre cuáles son sus fortalezas, ponerlas en práctica y desarrollarlas al máximo.
De la misma forma debe tomar consciencia de los puntos “débiles” y debe aprender a manejarlos de la forma más efectiva posible.
Pero hay un paso más: es tomar consciencia del impacto que uno crea en los demás.
Cada persona, y por lo tanto cada político es distinto y se manifiesta con un “determinado estilo”. A parte del mensaje político hablado que quieren emitir, los políticos emiten mucho más.
Hay políticos que emiten y transmiten “estar enfadados”. Otros emiten “rabia”. Otros “pasividad”…
Por lo tanto en la emisión de “palabras o mensajes” se emite mucho más que un discurso político.
Todas las personas que desean liderar un proyecto deben tomar consciencia del impacto que crean en los demás. No se trata “solo” de decir o hacer lo que uno cree.
Se trata de dar un paso más y saber realmente qué es lo que se está emitiendo.
Eso significa, estar dispuesto a reconocer que hay dentro de sí mismo y que es lo que expresa, incluso sin querer.
No es fácil. A menudo la “agresividad” se confunde con “contundencia” y los ciudadanos pueden percibir rabia, enfado, etc…
Los ciudadanos recibimos mucho más que palabras de los políticos. Recibimos lo que realmente hay dentro de ellos y por lo tanto creemos o no lo que “pronuncian” en función de lo que está ocurriendo dentro de ellos.
En ocasiones lo que se pronuncia y lo que emite un político es un mensaje
contrapuesto y es por ello que nadie queda convencido.
Me encanta “escuchar” lo que realmente expresan los políticos y a menudo se emiten mensajes muy complejos porqué no toman consciencia del impacto que realmente crean ellos mismos, desde su estado, desde su forma de ser y añadiéndole lo que “pronuncian”.
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