miércoles 23 de diciembre de 2009
domingo 13 de diciembre de 2009
Poema....
Una persona muy querida por mi y muy sensible, me ha regalado
hoy esta preciosa poesía y mi deseo es compartirla con todos
vosotros.
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.
Pablo Neruda, 1924
hoy esta preciosa poesía y mi deseo es compartirla con todos
vosotros.
Para mi corazón basta tu pecho,
para tu libertad bastan mis alas.
Desde mi boca llegará hasta el cielo
lo que estaba dormido sobre tu alma.
Es en ti la ilusión de cada día.
Llegas como el rocío a las corolas.
Socavas el horizonte con tu ausencia.
Eternamente en fuga como la ola.
He dicho que cantabas en el viento
como los pinos y como los mástiles.
Como ellos eres alta y taciturna.
Y entristeces de pronto, como un viaje.
Acogedora como un viejo camino.
Te pueblan ecos y voces nostálgicas.
Yo desperté y a veces emigran y huyen
pájaros que dormían en tu alma.
Pablo Neruda, 1924
martes 8 de diciembre de 2009
¿Pedimos y esperamos de los demás lo que nos falta a nosotros mismos?
Observando a las personas y a uno mismo, nos podemos dar cuenta que hay un aspecto que destaca en nuestras actuaciones: pedimos a los demás lo necesario para paliar nuestras propias carencias.
Son múltiples los ejemplos que podemos ver. Veamos algunos:
Una persona pide permanente atención a los demás. Directamente o indirectamente requiere que los demás la llamen, estén por ella, la visiten e incluso la reconozcan en lo mejor de ella misma. Observando a esta persona con detenimiento una se da cuenta de que el valor que se da a ella misma es muy bajo y se quiere poco. Hay personas que se reconocen muy poco, sienten que lo que hacen no tiene valor, y acaban viviendo a la espera que los demás les reconozcan los que ellos no son capaces de crear y por lo tanto colmen sus carencias. Son actuaciones que hacen muy difíciles las relaciones porqué en definitiva hagan lo que hagan los demás nunca es suficiente.
Una persona siente que no tiene el éxito “social” que desearía. Requiere permanentemente del reconocimiento de los demás. Cuenta sus hazañas, cuenta sus triunfos permanentemente y ante una conversación, pide reconocimiento a su tarea habitual. Son personas que en general dejan a los demás en una situación incómoda, porqué uno nunca sabe si son suficientes las palabras o acciones hacia ellos. En definitiva con el tiempo, uno se da cuenta que nunca es suficiente, independientemente del reconocimiento que se haga. En realidad la carencia del propio reconocimiento marca las propias acciones. Los demás nunca dirán o harán lo que uno espera.
Una persona desea ser querida. Absolutamente deseada. Hace todo y cualquier cosa para intentar obtener el amor de los demás. Cuando uno observa, puede ver que en su interior hay una gran carencia de amor y de atención. No se trata de lo que uno haga o diga. Lo que marca en realidad es el sentimiento de falta de amor en su interior. Posiblemente integró esta carencia en su infancia y en su desarrollo, pero para los demás se convierte en difícil. Su vida está marcada por la falta de afecto y las relaciones se convierten en difíciles.
Son múltiples los ejemplos que podríamos poner.
Todos nosotros tenemos carencias, unos más y otros menos… pero todos las tenemos de una forma u otra.
Pedimos, y a veces, -sutilmente-, exigimos a los demás lo que sentimos que no está en nosotros mismos y cuando la carencia es interior, es esencial, no tiene forma de ser colmada.
El primer gran paso es darnos cuenta de cuál esa carencia interior, qué es lo que sentimos que nos falta especialmente a nosotros, independientemente de las acciones de los demás y a partir de aquí podremos tomar consciencia de que los demás hacen lo que creen mejor, nos ofrecen lo mejor de si mismos y cuando, a veces, sentimos que lo que nos dan es poco, e insuficiente es bueno ser consciente que nada tiene que ver con ellos, sino solamente con nosotros mismos y con nuestras carencias más esenciales.
Son múltiples los ejemplos que podemos ver. Veamos algunos:
Una persona pide permanente atención a los demás. Directamente o indirectamente requiere que los demás la llamen, estén por ella, la visiten e incluso la reconozcan en lo mejor de ella misma. Observando a esta persona con detenimiento una se da cuenta de que el valor que se da a ella misma es muy bajo y se quiere poco. Hay personas que se reconocen muy poco, sienten que lo que hacen no tiene valor, y acaban viviendo a la espera que los demás les reconozcan los que ellos no son capaces de crear y por lo tanto colmen sus carencias. Son actuaciones que hacen muy difíciles las relaciones porqué en definitiva hagan lo que hagan los demás nunca es suficiente.
Una persona siente que no tiene el éxito “social” que desearía. Requiere permanentemente del reconocimiento de los demás. Cuenta sus hazañas, cuenta sus triunfos permanentemente y ante una conversación, pide reconocimiento a su tarea habitual. Son personas que en general dejan a los demás en una situación incómoda, porqué uno nunca sabe si son suficientes las palabras o acciones hacia ellos. En definitiva con el tiempo, uno se da cuenta que nunca es suficiente, independientemente del reconocimiento que se haga. En realidad la carencia del propio reconocimiento marca las propias acciones. Los demás nunca dirán o harán lo que uno espera.
Una persona desea ser querida. Absolutamente deseada. Hace todo y cualquier cosa para intentar obtener el amor de los demás. Cuando uno observa, puede ver que en su interior hay una gran carencia de amor y de atención. No se trata de lo que uno haga o diga. Lo que marca en realidad es el sentimiento de falta de amor en su interior. Posiblemente integró esta carencia en su infancia y en su desarrollo, pero para los demás se convierte en difícil. Su vida está marcada por la falta de afecto y las relaciones se convierten en difíciles.
Son múltiples los ejemplos que podríamos poner.
Todos nosotros tenemos carencias, unos más y otros menos… pero todos las tenemos de una forma u otra.
Pedimos, y a veces, -sutilmente-, exigimos a los demás lo que sentimos que no está en nosotros mismos y cuando la carencia es interior, es esencial, no tiene forma de ser colmada.
El primer gran paso es darnos cuenta de cuál esa carencia interior, qué es lo que sentimos que nos falta especialmente a nosotros, independientemente de las acciones de los demás y a partir de aquí podremos tomar consciencia de que los demás hacen lo que creen mejor, nos ofrecen lo mejor de si mismos y cuando, a veces, sentimos que lo que nos dan es poco, e insuficiente es bueno ser consciente que nada tiene que ver con ellos, sino solamente con nosotros mismos y con nuestras carencias más esenciales.
¿Dónde ponemos el límite para comprender a los demás?
He destacado en algunas entrada en el blog la importancia de ponernos en el lugar de otra persona para comprender el porqué de cómo actúa y como se siente-
Me parece muy importante tener una actitud comprensiva ante cualquier acción o actuación de otra persona. Este “simple” hecho permite mejorar de forma sustancial nuestras relaciones.
Es frecuente hacer “culpables” a los demás ante determinados hechos. Por ejemplo si alguien me contesta mal, la reacción habitual es la de responder: “estoy molesta realmente ante tal actuación”. Y de hecho puede ser totalmente lógico que sea así.
Ahora bien, también es frecuente que respondamos: “es culpa de él/ella” que me sienta mal. Y también es una respuesta. Ponernos en el lugar de otra persona nos puede ayudar a comprender la causa de una actuación u otra y aunque esto puede que no solucione mi propio estado, posiblemente lo mejorará.
Intentar comprender a los demás creo que es un buen camino para tener relaciones de calidad.
Ahora bien, ¿cuál es el límite de esa comprensión? Esta es una cuestión que hemos hablado muchas veces con distintos clientes. Ante los hechos y acciones de los demás, es difícil establecer la línea entre la comprensión y la aceptación.
Efectivamente no hay una respuesta definitiva. Pero podemos encontrarnos diversas actitudes.
Hay personas que justifican todas las actuaciones de los demás, porqué están dispuestas a comprender sus causas, sus momentos, sus circunstancias. Estas, aunque sientan dolor, justifican a menudo las actuaciones de los demás. Pueden comprender en qué se basan sus actuaciones, a veces el pasado, a veces el tipo de infancia, otras autoestima baja… Hay muchos, infinitos motivos que justifican las actuaciones de todos.
Hay otro tipo de personas que no quieren comprender en ningún caso, o en pocas ocasiones, cuales son los motivos que llevan a otra persona a un tipo de reacción a otra. En estos casos, los enfrentamientos y los disgustos son elevados.
Y hay personas, un gran número, que están entre una tipología y otra, e incluso las personas cambiamos de tipología según el momento de nuestra vida. Y es en estas circunstancias es donde la cuestión toma mayor relieve.
Hace algunos días, un cliente, tuvo un problema con un compañero de trabajo. Dedicó grandes esfuerzos para comprender el momento emocional de la otra persona. Era consciente de sus circunstancias, de su estado personal y profesional, de cómo se sentía, de su momento. Comprendería perfectamente su situación y sin embargo las actuaciones le dolían.
En la sesiones de coaching, el tema salió varias veces. ¿Hasta dónde debo comprender?¿Hasta dónde debo “olvidar”? ¿Y yo donde estoy en el proceso?
No podemos “justificar” indefinidamente toda la actuación de los demás. Podemos hacer todo lo posible para comprenderlas, pero también tiene importancia comprender nuestro propio dolor y respetarlo.
A menudo ambas opciones son compatibles. Puedes comprender las actuaciones de los demás, aunque te hayan provocado dolor y en cambio eso no significa decir que eso no es importante.
Nosotros también debemos respetarnos a nosotros mismos. Eso no significa juzgar sin comprensión a los demás. Significa comprender las acciones de los demás para saber que a menudo cuando algo nos duelo, está fundamentado por el “momento” de otro.
Ahora bien, el equilibrio entre la comprensión y el respeto a nosotros mismos, debe ser tenido en cuenta.
Otro aspecto es comprender nuestros propios momentos y el porqué de nuestras acciones y reacciones. Este será tema para otra entrada en el blog.
Tomar RESPONSABILIDAD de nuestras acciones es la clave. Es fundamental responsabilizarnos de como afectamos a los demás y a su vez de cómo nos gestionamos a nosotros mismos.
Me parece muy importante tener una actitud comprensiva ante cualquier acción o actuación de otra persona. Este “simple” hecho permite mejorar de forma sustancial nuestras relaciones.
Es frecuente hacer “culpables” a los demás ante determinados hechos. Por ejemplo si alguien me contesta mal, la reacción habitual es la de responder: “estoy molesta realmente ante tal actuación”. Y de hecho puede ser totalmente lógico que sea así.
Ahora bien, también es frecuente que respondamos: “es culpa de él/ella” que me sienta mal. Y también es una respuesta. Ponernos en el lugar de otra persona nos puede ayudar a comprender la causa de una actuación u otra y aunque esto puede que no solucione mi propio estado, posiblemente lo mejorará.
Intentar comprender a los demás creo que es un buen camino para tener relaciones de calidad.
Ahora bien, ¿cuál es el límite de esa comprensión? Esta es una cuestión que hemos hablado muchas veces con distintos clientes. Ante los hechos y acciones de los demás, es difícil establecer la línea entre la comprensión y la aceptación.
Efectivamente no hay una respuesta definitiva. Pero podemos encontrarnos diversas actitudes.
Hay personas que justifican todas las actuaciones de los demás, porqué están dispuestas a comprender sus causas, sus momentos, sus circunstancias. Estas, aunque sientan dolor, justifican a menudo las actuaciones de los demás. Pueden comprender en qué se basan sus actuaciones, a veces el pasado, a veces el tipo de infancia, otras autoestima baja… Hay muchos, infinitos motivos que justifican las actuaciones de todos.
Hay otro tipo de personas que no quieren comprender en ningún caso, o en pocas ocasiones, cuales son los motivos que llevan a otra persona a un tipo de reacción a otra. En estos casos, los enfrentamientos y los disgustos son elevados.
Y hay personas, un gran número, que están entre una tipología y otra, e incluso las personas cambiamos de tipología según el momento de nuestra vida. Y es en estas circunstancias es donde la cuestión toma mayor relieve.
Hace algunos días, un cliente, tuvo un problema con un compañero de trabajo. Dedicó grandes esfuerzos para comprender el momento emocional de la otra persona. Era consciente de sus circunstancias, de su estado personal y profesional, de cómo se sentía, de su momento. Comprendería perfectamente su situación y sin embargo las actuaciones le dolían.
En la sesiones de coaching, el tema salió varias veces. ¿Hasta dónde debo comprender?¿Hasta dónde debo “olvidar”? ¿Y yo donde estoy en el proceso?
No podemos “justificar” indefinidamente toda la actuación de los demás. Podemos hacer todo lo posible para comprenderlas, pero también tiene importancia comprender nuestro propio dolor y respetarlo.
A menudo ambas opciones son compatibles. Puedes comprender las actuaciones de los demás, aunque te hayan provocado dolor y en cambio eso no significa decir que eso no es importante.
Nosotros también debemos respetarnos a nosotros mismos. Eso no significa juzgar sin comprensión a los demás. Significa comprender las acciones de los demás para saber que a menudo cuando algo nos duelo, está fundamentado por el “momento” de otro.
Ahora bien, el equilibrio entre la comprensión y el respeto a nosotros mismos, debe ser tenido en cuenta.
Otro aspecto es comprender nuestros propios momentos y el porqué de nuestras acciones y reacciones. Este será tema para otra entrada en el blog.
Tomar RESPONSABILIDAD de nuestras acciones es la clave. Es fundamental responsabilizarnos de como afectamos a los demás y a su vez de cómo nos gestionamos a nosotros mismos.
jueves 19 de noviembre de 2009
Aspectos preliminares para ejercer un buen liderazgo
He comentado en diversas entradas en el blog, que cuando hago referencias a un líder, me estoy refiriendo a un concepto mucho más elaborado que la referencia a ser el número uno de un proyecto, empresa, partido o país.
La palabra “líder” se utiliza comúnmente para referirnos a los responsables o representantes de diversas organizaciones, proyectos o países.
Académicamente cuando nos referimos a un “líder” estamos refiriéndonos a una persona que cumple con una serie muy completa de características.
Para mí, un líder, para considerarse líder debe saber y ejercer de forma que su forma de actuar de unos resultados buenos para él, para los demás y para el objetivo que se persigue.
No podemos hablar de liderazgo, si se piensa que el resultado puede ser bueno sólo para él.
En este caso podemos hablar de personas que tienen responsabilidades, que ejercen bien o mal, pero NO son líderes en el sentido al que me refiero.
Es cierto que hay un tema de fondo en este comentario que es a cerca de la nomenclatura. Podríamos dedicar muchas páginas y muchos comentarios a definir que es un líder o qué es un dirigente.
Una persona para ser líder debe empezar por liderarse bien a si misma. Esto significa conocerse bien, sabiendo de sus fortalezas y de sus puntos a mejorar. Una persona que no se lidera bien a si misma, no puede liderar bien a equipos humanos, proyectos o países.
¿Qué es liderarse bien a uno mismo? Hay entradas en este blog en las que me he referido a ello. Pero liderarse bien, significa tener consciencia de que tenemos habilidades suficientes para manejar las situaciones más complejas. En general no sabemos exactamente en lo que somos buenos, ni cuáles son nuestros valores realmente, ni sabemos exactamente como nos paralizan nuestros miedos.
Una persona para ser un líder, debe tener una estabilidad interna suficiente para ejerce como tal. Una persona que internamente no se valora, que se siente inferior a los demás, que tiene grandes complejos (aunque secretos, e incluso no reconocidos), o bien que tiene un nivel de inseguridad alto o autoestima muy bajo, no podrá ejercer como buen líder.
Fijémonos que en nuestro entorno, hay dirigentes que actúan con soberbia o prepotencia. Otros que actúan desde la crítica o el juicio. Otros que se respaldan en el desprecio a los demás o en la falta de respeto. Son signos claros de que estas personas no tienen un buen equilibrio interior y que no han desarrollado bien su propio liderazgo.
Sé que la frase más usual es decir: “Ninguno de nuestros políticos ha desarrollado un buen liderazgo”… Personalmente creo que no hay grandes diferencias entre el desarrollo del liderazgo de los políticos, empresarios, directivos, organizaciones sociales, etc…
En todos los entornos hay personas que tienen un gran equilibrio interno. En todos los entornos hay personas que han desarrollado bien su liderazgo. Y en todos ellos hay personas que tienen pendiente hacer su buen desarrollo.
Cuando una persona tiene un buen nivel de conocimiento de si mismo, y tiene un buen equilibrio interior, es mucho más generosa, comprensiva, humilde y respetuosa con los demás.
Por lo tanto, el proceso directivo, en cualquier ámbito requiere de personas bien desarrolladas. Es necesario tener un buen nivel de Conocimiento (técnico, profesional, emocional y personal) para poder ejercer con éxito las responsabilidades que conllevan todos los puestos que ocupamos.
Es cierto que en política, se hace muy evidente la falta de liderazgo, porque los medios de comunicación y el desarrollo de la propia actividad ejercen como altavoz, pero no es especialmente distinto de lo que ocurre en todos los ámbitos de nuestra vida.
Es importante mirarnos a nosotros mismos y revisar como nos sentimos, como actuamos con los demás, como nos conocemos, si gestionamos bien nuestras emociones, nuestros enfados, nuestros desencuentros. Pensar en sí somos suficientemente responsables con nuestras acciones, con nosotros y como impactan a los demás y a los proyectos….
No es fácil, sentir que estamos en un buen equilibrio (aunque este siempre es dinámico). Acércanos a un buen equilibrio requiere de trabajo, coraje, esfuerzo y mucha humildad para darnos cuenta de la importancia que tiene mejorarnos a nosotros mismos.
Un buen líder sabe en todo momento que también depende de él, lo que ocurre a él mismo, a los proyectos y a los demás. No todo es responsabilidad de los demás o del entorno. Hay una parte que es nuestra. La nuestra es hacernos responsables de ese proceso interno que nos lleve cada día a un mejor equilibrio. Desde ahí empezaremos a desarrollar nuestro propio liderazgo, y aunque el camino es largo, vale la pena hacerlo para todos.
La palabra “líder” se utiliza comúnmente para referirnos a los responsables o representantes de diversas organizaciones, proyectos o países.
Académicamente cuando nos referimos a un “líder” estamos refiriéndonos a una persona que cumple con una serie muy completa de características.
Para mí, un líder, para considerarse líder debe saber y ejercer de forma que su forma de actuar de unos resultados buenos para él, para los demás y para el objetivo que se persigue.
No podemos hablar de liderazgo, si se piensa que el resultado puede ser bueno sólo para él.
En este caso podemos hablar de personas que tienen responsabilidades, que ejercen bien o mal, pero NO son líderes en el sentido al que me refiero.
Es cierto que hay un tema de fondo en este comentario que es a cerca de la nomenclatura. Podríamos dedicar muchas páginas y muchos comentarios a definir que es un líder o qué es un dirigente.
Una persona para ser líder debe empezar por liderarse bien a si misma. Esto significa conocerse bien, sabiendo de sus fortalezas y de sus puntos a mejorar. Una persona que no se lidera bien a si misma, no puede liderar bien a equipos humanos, proyectos o países.
¿Qué es liderarse bien a uno mismo? Hay entradas en este blog en las que me he referido a ello. Pero liderarse bien, significa tener consciencia de que tenemos habilidades suficientes para manejar las situaciones más complejas. En general no sabemos exactamente en lo que somos buenos, ni cuáles son nuestros valores realmente, ni sabemos exactamente como nos paralizan nuestros miedos.
Una persona para ser un líder, debe tener una estabilidad interna suficiente para ejerce como tal. Una persona que internamente no se valora, que se siente inferior a los demás, que tiene grandes complejos (aunque secretos, e incluso no reconocidos), o bien que tiene un nivel de inseguridad alto o autoestima muy bajo, no podrá ejercer como buen líder.
Fijémonos que en nuestro entorno, hay dirigentes que actúan con soberbia o prepotencia. Otros que actúan desde la crítica o el juicio. Otros que se respaldan en el desprecio a los demás o en la falta de respeto. Son signos claros de que estas personas no tienen un buen equilibrio interior y que no han desarrollado bien su propio liderazgo.
Sé que la frase más usual es decir: “Ninguno de nuestros políticos ha desarrollado un buen liderazgo”… Personalmente creo que no hay grandes diferencias entre el desarrollo del liderazgo de los políticos, empresarios, directivos, organizaciones sociales, etc…
En todos los entornos hay personas que tienen un gran equilibrio interno. En todos los entornos hay personas que han desarrollado bien su liderazgo. Y en todos ellos hay personas que tienen pendiente hacer su buen desarrollo.
Cuando una persona tiene un buen nivel de conocimiento de si mismo, y tiene un buen equilibrio interior, es mucho más generosa, comprensiva, humilde y respetuosa con los demás.
Por lo tanto, el proceso directivo, en cualquier ámbito requiere de personas bien desarrolladas. Es necesario tener un buen nivel de Conocimiento (técnico, profesional, emocional y personal) para poder ejercer con éxito las responsabilidades que conllevan todos los puestos que ocupamos.
Es cierto que en política, se hace muy evidente la falta de liderazgo, porque los medios de comunicación y el desarrollo de la propia actividad ejercen como altavoz, pero no es especialmente distinto de lo que ocurre en todos los ámbitos de nuestra vida.
Es importante mirarnos a nosotros mismos y revisar como nos sentimos, como actuamos con los demás, como nos conocemos, si gestionamos bien nuestras emociones, nuestros enfados, nuestros desencuentros. Pensar en sí somos suficientemente responsables con nuestras acciones, con nosotros y como impactan a los demás y a los proyectos….
No es fácil, sentir que estamos en un buen equilibrio (aunque este siempre es dinámico). Acércanos a un buen equilibrio requiere de trabajo, coraje, esfuerzo y mucha humildad para darnos cuenta de la importancia que tiene mejorarnos a nosotros mismos.
Un buen líder sabe en todo momento que también depende de él, lo que ocurre a él mismo, a los proyectos y a los demás. No todo es responsabilidad de los demás o del entorno. Hay una parte que es nuestra. La nuestra es hacernos responsables de ese proceso interno que nos lleve cada día a un mejor equilibrio. Desde ahí empezaremos a desarrollar nuestro propio liderazgo, y aunque el camino es largo, vale la pena hacerlo para todos.
sábado 31 de octubre de 2009
Hay palabras que quizás se las lleve el viento
Y miradas que recogieron un momento de la vida
Y el agua corre y el río se alegra
Mucho de lo que se sabe, nunca se publicará
Y ante la belleza de la naturaleza y la majestuosidad
de los sentimientos, me queda el camino de la humildad y el silencio.
En esta forma paseo sobre las tiernas arenas de mundos vividos y por vivir
Respiro con esperanza
Admiro con sinceridad
Hay detrás de estas letras la creencia en un mundo mejor
Creyendo en la paz y la armonía para todos
Y ese gerundio: creyendo, andando, cantando, escribiendo, escuchando, le da color y forma a las ideas
Cuántos rostros vio el camello en esta travesía
Y nuevamente deseo paz y armonía para todos
Palabras de un buen amigo que publica con un nombre raíz de su familia:
Antonio Machado
Y miradas que recogieron un momento de la vida
Y el agua corre y el río se alegra
Mucho de lo que se sabe, nunca se publicará
Y ante la belleza de la naturaleza y la majestuosidad
de los sentimientos, me queda el camino de la humildad y el silencio.
En esta forma paseo sobre las tiernas arenas de mundos vividos y por vivir
Respiro con esperanza
Admiro con sinceridad
Hay detrás de estas letras la creencia en un mundo mejor
Creyendo en la paz y la armonía para todos
Y ese gerundio: creyendo, andando, cantando, escribiendo, escuchando, le da color y forma a las ideas
Cuántos rostros vio el camello en esta travesía
Y nuevamente deseo paz y armonía para todos
Palabras de un buen amigo que publica con un nombre raíz de su familia:
Antonio Machado
domingo 18 de octubre de 2009
¿Por qué nos aferramos a querer que las cosas sean como nosotros pensamos?
Cuantas veces, decidimos que hay cosas que queremos y como las queremos. Queremos que las cosas sean de una forma determinada, en un momento determinado, con un formato determinado…. Y en realidad cuando nos aferramos a ese “formato” estamos perdiendo grandes oportunidades.
Abrirse a nuevas perspectivas enriquece, abrirse a lo que no está previsto es un gran signo de madurez.
Sólo el miedo, -el miedo otra vez !-, es el encargado de que nos acojamos a lo previsto y a lo conocido.
No tiene sentido funcionar en la vida ante lo imprevisto, sin tener objetivo. Es fundamental tener una ESTACA de vida. Es imprescindible saber que es la esencia de lo que es importante, pero esto permite y admite múltiples formatos.
Esta reflexión sirve para lo profesional, para lo personal, para lo social, para el ocio, para todos los aspectos de la vida.
El ocio no tiene porqué ser según un formato predeterminado. A menudo lo imprevisto es ocio, sin embargo la estaca esencial es “ocio”.
Cuando determinamos el “como”, estamos perdiendo frescor y oportunidades.
Aferrarnos a lo que tenemos previsto, significa avanzar sin miedo, significa fluir en el momento.
Este no es un proceso fácil. Es mucho más fácil determinar el cómo queremos que sea el camino para llegar a un objetivo.
Muchas veces hemos comentado que es fundamental definir el objetivo. Sigo pensando que el objetivo, o la esencia del objetivo es muy importante. Sin embargo el cómo debe ser abierto. Y a menudo las personas cuando definimos un objetivo, determinamos el cómo, y descartamos caminos desconocidos….
¿Por qué no permitir caminos nuevos? Caminos desconocidos. Formatos nuevos.
Imprevistos. ¿Qué es lo que “está bien”? ¿y si otras formas inimaginables pueden estar bien?
Aferrarnos a lo previsto, a lo conocido es sin ningún lugar a dudas una manifestación de nuestro miedo. Permitámonos fluir en lo nuevo y en lo desconocido, sin miedo, confiando y la vida será generosa. Todo eso nos pondrá sabor a la vida.
Abrirse a nuevas perspectivas enriquece, abrirse a lo que no está previsto es un gran signo de madurez.
Sólo el miedo, -el miedo otra vez !-, es el encargado de que nos acojamos a lo previsto y a lo conocido.
No tiene sentido funcionar en la vida ante lo imprevisto, sin tener objetivo. Es fundamental tener una ESTACA de vida. Es imprescindible saber que es la esencia de lo que es importante, pero esto permite y admite múltiples formatos.
Esta reflexión sirve para lo profesional, para lo personal, para lo social, para el ocio, para todos los aspectos de la vida.
El ocio no tiene porqué ser según un formato predeterminado. A menudo lo imprevisto es ocio, sin embargo la estaca esencial es “ocio”.
Cuando determinamos el “como”, estamos perdiendo frescor y oportunidades.
Aferrarnos a lo que tenemos previsto, significa avanzar sin miedo, significa fluir en el momento.
Este no es un proceso fácil. Es mucho más fácil determinar el cómo queremos que sea el camino para llegar a un objetivo.
Muchas veces hemos comentado que es fundamental definir el objetivo. Sigo pensando que el objetivo, o la esencia del objetivo es muy importante. Sin embargo el cómo debe ser abierto. Y a menudo las personas cuando definimos un objetivo, determinamos el cómo, y descartamos caminos desconocidos….
¿Por qué no permitir caminos nuevos? Caminos desconocidos. Formatos nuevos.
Imprevistos. ¿Qué es lo que “está bien”? ¿y si otras formas inimaginables pueden estar bien?
Aferrarnos a lo previsto, a lo conocido es sin ningún lugar a dudas una manifestación de nuestro miedo. Permitámonos fluir en lo nuevo y en lo desconocido, sin miedo, confiando y la vida será generosa. Todo eso nos pondrá sabor a la vida.
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